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Adicción a la cirugía plástica

Cada vez son más las personas que deciden acudir al cirujano plástico para corregir pequeños o grandes aspectos de su físico que consideran como “imperfectos”. Tan solo en 2015 se realizaron en el mundo más de 21 millones de procedimientos quirúrgicos invasivos y no invasivos, según el último informe de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS).

Pero esto no significa que todas las personas que se realizan un retoque de nariz, una liposucción o un lifting facial tengan un trastorno de la personalidad. Tenemos que diferenciar el uso de la cirugía como “un acto razonado” para solucionar un aspecto específico, como “una solución a problemas emocionales”, o como una patología psiquiátrica.

En concreto, los especialistas se refieren a cuatro tipos de pacientes: los sanos, los que pasan por un momento difícil, la adicción a la cirugía estética o plástica y los dismorfofóbicos. “El paciente sano es aquel que por ejemplo tiene un complejo porque sus orejas son abanicadas; de antemano se sabe que es una cirugía vencedora”, subraya el doctor Suárez.

El impulsivo en tiempos de crisis

quiron-melancolia-otoñal“Hay personas que están insatisfechas con la vida y deciden operarse en momentos complejos, como una ruptura de la relación”, explica un experto, miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, y resalta que este “es un tipo de población con un estado emocional negativo”.

Esto se ve claramente cuando llega una mujer a la que su pareja le ha confesado que le gustan los senos voluptuosos de la vecina, y por tal motivo, decide hacerse un aumento mamario.

El problema de este tipo de pacientes es que fijan el resultado de la operación con el éxito que tenga en su relación y no con la satisfacción propia. Los médicos les recomiendan, aplazar la decisión de operarse y regresar en un año, cuando hayan resuelto su situación sentimental.

El que siempre quiere más

Es el caso de la “paciente de 45 años, que se manda a eliminar las bolsas de los ojos, se pone infiltraciones, se sube el pecho, y va creando una auto-satisfacción con cada operación que, al fin y al cabo, la estimula a meterse en la siguiente”.Desde SECPRE, advierten que “no es adicto el que se hace varias intervenciones, sino aquel que tiene muy poca tolerancia al envejecimiento, y ante el más mínimo signo del paso de edad, quiere recurrir al acto quirúrgico”.

Una de las causas del aumento de este tipo de pacientes se debe al aumento del intrusismo médico de especialistas que se “autodenominan estéticos”, y por la publicidad, sobre todo en Estados Unidos o Latinoamérica, los pacientes tienden a “banalizar las intervenciones”, y a “pensar la cirugía estética como un producto de consumo“.

El que ve defectos donde no los hay

En el extremo de la búsqueda de la perfección, aparecen los pacientes que son dismorfofóbicos. “Esto se da cuando la persona ve como un trastorno, una situación que es correcta, o da excesiva relevancia a un aspecto que no lo tiene”0

Por ejemplo, es un paciente que consulta porque “tiene un reborde de los pechos que no le gusta y no está satisfecho”, o puede ser la mujer que llega con unos implantes mamarios “enormes” y dice que tiene los senos “demasiado pequeños” y que quiere aumentarlos.

Ante esta situación se debe actuar inmediatamente, utilizando “técnicas de comunicación verbal, que no den espacio a la duda, y hacerle ver al paciente que tiene que acudir a un médico especializado en psiquiatría, porque con la cirugía no va a resolver al problema”.

En el fondo “lo que sucede con la cirugía es un poco lo mismo que con el dinero, piensan que a través de la cirugía van a ser felices, y luego cuando se operan, se dan cuenta que no”. Además, la psicóloga insiste en que se debe evitar buscar la felicidad a través de la estética, y si se desea una cirugía correctiva, lo recomendable es “tomar una decisión meditada, pensada, y no impulsiva”.

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